22/8/11

Historia y curiosidades de un barrio bien porteño: Chacarita

(Cementerio de la Chacarita hacia 1900)

Hoy, feriado, me pintó un post histórico, y de color, sobre un barrio bien porteño. Descripciones, impresiones y curiosidades históricas de Chacarita. ¿De dónde proviene su nombre? La quinta “La chacarita de los colegiales”, estancia de vacaciones de históricos alumnos del -histórico, también- Colegio Nacional Buenos Aires, como Miguel Cané. O el primer nombre de la calle Warnes. O “El tren de los muertos”.

Chacarita:

desaguadero de esta patria de Buenos Aires, cuesta final

barrio que sobrevives a los otros, que sobremueres,

lazareto que estás en esta muerte no en la otra vida

he oído tu palabra de caducidad y no creo en ella,

porque tu misma convicción de angustia es acto de vida

y porque la plenitud de una sola rosa es más que tus mármoles.

Fragmento de un poema de Jorge Luis Borges - 1929.


Chacarita es un barrio con siglos de historia. Las más antiguas referencias datan de comienzos del siglo XVII. En 1608, el gobernador criollo Hernandarias, concluida la mensura de la ciudad, delimitó las extensas donaciones a los jesuitas. Una de ellas fue la estanzuela que se denominó la “Chacarita de los Padres”, que luego sería la “Chacarita de los Colegiales”, y abarcaba lo que hoy son los barrios de Chacarita, Colegiales, Villa Crespo, Villa Pueyrredón, Saavedra, entre otros. “Esas tierras, ya muy angostas, llegaban hasta la actual Ramos Mejía”, escribe el historiador de los barrios porteños Diego A. del Pino (*). En 1767, los jesuitas fueron expulsados por disposición de Carlos III, y esas tierras pasaron a ser administradas por el Cabildo porteño.

Pero, ¿qué quiere decir “chacarita”? Una vez que localizamos la etimología, no resulta tan sorprendente. En quechua, “chácara” significa “tierra de cultivo”. Como los argentinos bien sabemos, “chacarero” es el que trabaja las “chácaras” o, como el uso deformaría luego el vocablo, las “chacras”. “Chacarita” es el diminutivo de “chacra”.


Y hacia el oeste, “campo afuera”, estaba la quinta donde pasaban sus cómodas vacaciones los alumnos del Colegio jesuita de San Ignacio, -fundado en 1661 y rebautizado en 1863 por Bartolomé Mitre como Colegio Nacional de Buenos Aires-, quinta que era conocida como la “Chacarita de los Colegiales”: un lugar de mucha labor, que proveía de comestibles al colegio (a sus autoridades, claro…).

Algo alivia la tristeza de pasar por Chacarita:

saber que allí retozaron antaño

los colegiales traviesos de Juvenilia.

Fragmento de un poema de Néstor Astur Fernández – 1968.

En efecto, aquellos años quedarían inmortalizados en Juvenilia, la obra del político Miguel Cané, uno de los alumnos internos que pasaron por el Colegio Nacional y que disfrutaron de la quinta. Sobre los extensos terrenos de la antigua Chacarita de los Colegiales, recuerda Cané en su libro: “En aquel tiempo, poseíamos como feudo señorial, no solo los terrenos que aún pertenecen a la Chacarita, sino los que en 1871 fueron destinados al cementerio, tan rápidamente poblado”. Cané se refiere a las consecuencias de la fiebre amarilla que por ese año asoló Buenos Aires y por la que la Municipalidad habilitó cinco hectáreas para un camposanto que inicialmente había sido pensado como provisorio (el primer cementerio, en realidad, estuvo ubicado en lo que hoy es Parque Los Andes).

Ya en la época de los jesuitas existía, por ejemplo, la avenida Warnes, aunque conocida como “Camino de las Tropas”, pues por ella pasaban, además de las carretas, las tropas de ganado hacia la ciudad. Esta fisonomía campesina del lugar comenzó a alterarse, desde luego, con el cementerio, que quedó definitivamente allí al constatarse que Palermo, el lugar que se tenía pensado para ubicarlo, era por entonces una zona “baja y anegadiza”. Chacarita se “entristeció”, se dijo.
Pero el cementerio también fue impulsor de progreso y adelanto. Con la instalación de una línea férrea, “el Tren de los Muertos”, y luego de un Tranway Rural, los obreros del centro comenzaron a dejar los conventillos y se desplazaron hacia allí para tener su casa propia. Y también fueron apareciendo comercios relacionados con el cementerio: florerías, herrerías, maicerías, marmolerías, casas de comidas, hasta llegar, más adelante, a los cafés y, más aún, a las pizzerías que, por todos lados, se destacan hoy en este barrio.

De modo que poco quedó de esa extensa Chacarita de tierras altas y fértiles donde los durazneros y los almendros “crecen libres y no pertenecen a nadie”, como anotara en su libro de viaje el padre jesuita Antonio Sepp. En los varios siglos que a sus espaldas tiene de historia y de vida esta chacarita, muchas cosas han cambiado y no pocas han ido desapareciendo. “Nada, casi, perdura del ayer”, se lamentaba el historiador Del Pino. “Los monumentos y lugares históricos se conservan casi por descuido. En cuanto estorban al progreso edilicio caen bajo la piqueta municipal, habituada a derribar toda suerte de reliquias” (1), escribía un anónimo periodista el 19 de noviembre de 1946 en el diario La Razón. Como se ve, la preocupación por el patrimonio cultural no es sólo una inquietud de nuestra época.

Quedan, sí, los recuerdos. Y los homenajes. Por ejemplo, al producirse las invasiones británicas, el francés Santiago de Liniers organizó la contraofensiva. Las tropas, compuestas de agricultores y paisanos en general, se concentraron en los caserones de la Chacarita. Y allí también aguardaron tras la primera derrota de Liniers. Dos veces, en 1806 y en 1807, fueron vencidos los británicos, tras infinitas batallas por toda la ciudad. Hace pocos años, en memoria de esa “gesta” se colocó en Corrientes entre Forest y Lacroze -igual que en otros lugares de la ciudad donde pasaron las tropas locales- un monolito, llamado “Hito de la Argentinidad”, que fue construido con ladrillos de la Chacra de Márquez.

Demás está decir que no serían las únicas andanzas militares. Ocho décadas después, el presidente Nicolás Avellaneda rondaría frecuentemente los caserones de la Chacarita (demolidos en 1899), ante los avances de las tropas del entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos Tejedor. Hasta la aprobación de la “Ley Capital de la República”, Chacarita (Partido de Belgrano) pertenecía a la provincia.


Quedan, también, curiosidades actuales. Como la estatua de Carlos Gardel en el cementerio, por ejemplo: que siempre encuentra seguidores del "Zorzal criollo" que le dejan en su mano derecha un pucho encendido.
Y otras curiosidades que, si se escarban un poquito, nos regalan una línea directa al pasado. Por ejemplo, ¿por qué hay un cementerio alemán en el barrio de Chacarita? La respuesta tal vez se remonte a una tempranísima política inmigratoria del presidente Bernardino Rivadavia, quien en 1826 propició el arribo al país de agricultores alemanes para que cultivaran las tierras del Estado en la Chacarita de los Colegiales. Con la promoción ciertas ventajas especiales (conocidas como “enfiteusis” o usufructo), se logró interesar a medio centenar de familias alemanas. Por entonces, se decretó allí la planificación de un nuevo poblado. Y esto trajo consecuencias más allá de las peripecias y desilusiones de estas familias extranjeras.

El agrimensor Felipe Senillosa, director en épocas de Rivadavia del Departamento de Topografía, se encargó tanto de la mensura definitiva de las tierras como de los caminos. De ese momento data la importancia de las actuales avenidas Dorrego, Jorge Newbery, Federico Lacroze, Forest y Corrientes.


No son pocos los hilos que podrían tenderse hacia el pasado para ver las marcadas inferencias que tienen aún hoy en la vida cotidiana de miles de personas, hasta en un acto tan sencillo como transitar una calle. Esas determinadas calles que todos los días, desde hace alrededor de un siglo, recorren infinidad de habitantes de la ciudad, del barrio o, incluso, de la provincia de Buenos Aires, para ir a sus respectivos trabajos. De hecho, el tránsito y la circulación en Chacarita, o la cuestión de la “transferencia de gente”, como la llama una asociación civil del barrio, es actualmente uno de los tantos problemas que preocupan y movilizan a quienes intentan mejorar las condiciones de vida de los alrededor de 26 mil vecinos de esta chacarita -la otrora Chacarita de los Colegiales- que hoy se circunscribe a las avenidas Álvarez Thomas, Dorrego, Córdoba, la vía del ferrocarril San Martín, Dorrego otra vez, Warnes, la vía, Garmendia, Del Campo, 14 de julio, la vía, y Elcano; uno de los seis barrios que conforman la comuna 15 porteña.

(*) Los d
atos históricos fueron extraídos de los libros La antigua Chacarita de los Colegiales, y “El Mirador” del pionero urbano don Agustín Comastri, escritos por el historiador Diego A. del Pino -nombrado “Maestro Ilustre 2002” por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires-, y patrocinados por el Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires.

(1) Citado por Diego Del Pino en La antigua Chacarita de los Colegiales.

6 comentarios:

  1. Esta tan bien expresado que sin conocer te hace un panorama del lugar y sentis que viviste y añoras como un oriundo del pago. muy buen articulo.

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  2. Estimado:
    Gracias!A pesar de la tilinguería de Palermo que se va insinuando desde que Tinelli, Suar y 4-Cabezas se asentaran por el barrio, sigue habiendo clima de estación de tren y laburante apurado.Solo pizzerías (le recomiendo la fugazzetta de parado en la Santa María o el Imperio), el último restaurant que queda es Albamonte sobre Corrientes y Maure, cerró la Cantina de David luego de más de 60 años en Córdoba y Jorge Newbery. Quedan también la última fábrica de acordeones del país en Guevara y Maure (de los hnos Anconetani), y la feria tumultuosamente pobre de Dorrego donde puede comprar cosas viejas por casi nada.de la calle de las camperas en Forest queda poco, el 2001 los liquidó...Ahora aparecieron una Saladita por Dorrego, y montones de edificios en construcción por Lacroze (el metro es uno de los más baratos todavía...).
    Atte/

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  3. Pero claro, Jorge! Tengo todos esos datos, x libros y x vida. Pero quería hacer un post más histórico.
    En cuanto a pizzerías, prefiero la del rioba de al lado: La Mezzetta ;)
    Y a Albamonte (donde iba a comer todos los mediodías mi abuelo, que laburaba en el cementerio), voy cada tanto: porque para ir hay que cargar medio sueldo en la billetera, más o menos :P
    Salú!

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  4. Me encanto.. Te agradezco por enseñarme mas sobre mi barrio querido me dii ganas de seguir investigando.. Aun que omitio lo futbilistico y eso ne hubiera gustado un poco

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